Economía y Empresas
Industria en crisis

Topper reduce producción, caen salarios y crece el temor por el cierre de su única planta en el país

Con casi mil trabajadores en actividad, la fábrica acumula despidos, suspensiones y una fuerte reducción de la jornada laboral.

La histórica marca Topper atraviesa una de sus etapas más críticas en Argentina, en un contexto económico adverso que golpea con fuerza a la industria nacional. La planta ubicada en Aguilares, Tucumán, hoy refleja el impacto directo de la recesión, la caída del consumo y la apertura de importaciones.

Con cerca de mil trabajadores, la fábrica acumula despidos, suspensiones y recortes en la jornada laboral que afectan de lleno el bolsillo de los operarios. La situación no es nueva: en 2024 se produjeron 120 despidos y en febrero de 2025 otros 23 empleados quedaron fuera. Desde entonces, la incertidumbre se instaló como una constante dentro de la planta.

En un intento por evitar una mayor pérdida de puestos de trabajo, la empresa y el gremio Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado (UTICRA) habían acordado una reducción de la jornada laboral. El esquema eliminó los sábados, recortó horas los viernes y sumó suspensiones quincenales, lo que derivó en una baja significativa de los ingresos.

Sin embargo, la situación empeoró. Al retomar la actividad plena a fines de febrero, la empresa comunicó que no cuenta con insumos suficientes para sostener la producción toda la semana. Actualmente, el nivel de actividad solo garantiza trabajo de lunes a jueves, profundizando el ajuste.

Desde el sector sindical advierten que los trabajadores perdieron entre 150.000 y 200.000 pesos por quincena debido a la reducción horaria. Hoy, muchos operarios perciben salarios cercanos a los 700 mil pesos mensuales, un ingreso que queda rápidamente desfasado frente a la inflación.

El trasfondo de la crisis combina varios factores: una fuerte caída en las ventas, la pérdida del poder adquisitivo y el ingreso de productos importados -principalmente desde Asia-que compiten con costos considerablemente más bajos que la producción local. Esta situación deja a la industria del calzado en una posición cada vez más frágil.

En paralelo, crece la preocupación por el futuro de la planta de Aguilares, la única que mantiene la marca en funcionamiento dentro del país. Un eventual cierre no solo implicaría la pérdida de cientos de empleos, sino también la posible desaparición de Topper del mercado argentino.

A este escenario se suma la implementación de un programa de retiros voluntarios, que según trascendió serían abonados en cuotas, lo que incrementa la incertidumbre entre los trabajadores que buscan sostener sus puestos en medio de una crisis económica que no da señales de alivio.

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