El gobernador Osvaldo Jaldo se reunió con el ministro de Seguridad, Eugenio Agüero Gamboa, para destacar supuestos avances en la seguridad provincial, como la segunda etapa de la cárcel de Benjamín Paz y la alcaidía de Las Talitas.
Sin embargo, estos anuncios, presentados como logros, no logran ocultar la gestión errática de Jaldo, marcada por promesas incumplidas y una crisis de seguridad que sigue golpeando a los tucumanos.
#Seguridad | El gobernador, Osvaldo Jaldo, en la mañana del miércoles se reunió con el ministro de Seguridad, Eugenio Agüero Gamboa, quien adelantó que la segunda etapa de la cárcel de Benjamín Paz estaría lista para fines de agosto. pic.twitter.com/FC18IoBC4n
— Radios Tucumán (@radiostucumanok) July 30, 2025
La cárcel de Benjamín Paz, cuya primera etapa fue inaugurada en diciembre de 2024 con financiamiento nacional, sumará 840 plazas en su segunda fase, según Agüero Gamboa.
La alcaidía de Las Talitas, por su parte, avanza “a paso lento”, con una visita programada para evaluar su estado.
Estos proyectos, aunque necesarios, llegan tarde y no abordan la raíz de los problemas: hacinamiento carcelario, falta de personal penitenciario y una política de seguridad reactiva que no previene el delito.
La ciudadanía, cansada de robos, narcomenudeo y violencia, exige resultados concretos, no fechas tentativas.
Jaldo también aprovechó para alinearse con el Día Mundial de la Lucha contra la Trata de Personas, destacando la colaboración con la Fundación Marita Verón y la Justicia Federal.
Pero estas declaraciones suenan vacías ante el historial de la provincia, donde la trata sigue siendo un flagelo.
La “coordinación nacional” que pregona Agüero Gamboa no se traduce en operativos efectivos ni en políticas de prevención, dejando a las víctimas en una vulnerabilidad alarmante.
La gestión de Jaldo, lejos de mostrar liderazgo, parece más enfocada en la propaganda que en soluciones estructurales.
Los anuncios de obras penitenciarias no resuelven la inseguridad cotidiana ni el colapso del sistema judicial.
Mientras el gobernador se jacta de avances, Tucumán sigue atrapada en una crisis que su administración no sabe, o no quiere, enfrentar.







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